La presencia de las TIC ha traído consigo un conjunto de innovaciones
promovidas por la presencia tecnológica, la globalización, como asimismo por la
apuesta de nuevas prácticas de formación universitaria desde un enfoque basado en
competencias. Ahora bien, esta adaptación supone cambios en los modelos
educativos, cambios en los usuarios de la formación y cambios en los escenarios
donde ocurre el aprendizaje. Cierto esta, que los cambios impelen al
profesorado a una actualización y porque no decirlo a un cambio de paradigma
para acoger lo que en nuestros tiempos se fundamenta en la formación por
competencias.
El estudiante universitario de nuestro tiempo, tiene que saber gestionar
su conocimiento a través de un aprendizaje que le ayude a comprender su entorno
más inmediato afrontando los nuevos desafíos con herramientas más actuales,
entre las que destacan las nuevas tecnologías. Para ello el estudiante debe ser
competitivo En entes sentido en palabras de Bretel (2005) la persona competente
es aquella que posee las cualidades, los requisitos necesarios, la disposición
y la creatividad para hacer algo cada vez mejor y para dar razón y
justificación de su acción.
Para lo que, el rol de la universidad pasa por abrir los espacios y las
aulas a la presencia de las nuevas tecnologías, no de una forma soslayada, pero
con una intencionalidad clara que vehiculen de forma activa aprendizajes y
transferencia de los saberes consolidados. Se asume que, todo estudiante que
opta a una titulación universitaria debe saber gestionar su conocimiento a
través de un aprendizaje que le ayude a comprender su contexto afrontando los
nuevos desafíos y transformaciones del nuevo milenio, a través de un nuevo y
emergente enfoque de gestión y desarrollo del aprendizaje de forma activa y
perdurable.
Sin duda la irrupción de los aprendizajes basados en competencias según
Ahumada 2011) supone innovar la enseñanza y replantearse todo el acto educativo
incluyendo hasta la evaluación de los aprendizajes, avanzando así hacia una
adaptación de los nuevos modelos de formación centrados en el trabajo de los
estudiantes. En otras palabras, y atendiendo a la nomenclatura vinculada al
concepto competencias, ser competente significa saber pensar, saber hacer, saber
ser; saber vivir, saber crear, saber estar consigo mismo en los hábitos adquiridos
y que permiten el crecimiento personal en la convivencia con los demás;
encontrarse en la realización de actividades, de las cosas que se hacen en el
ejercicio de aquello para lo que se estudió; significa tener las capacidades necesarias
para desarrollar reflexiones, estrategias de pensamiento, críticas y propuestas,
encontrar soluciones, saber qué es lo que se sabe, saber plantearse nuevas
preguntas y continuar con los aprendizajes.
La
formación por competencias, en el marco de las titulaciones superiores, sin duda
permite la formación de profesionales universitarios capaces de actuar en forma
acertada y asertiva, ante diferentes contextos teniendo la capacidad de
transferir las competencias consolidadas en los procesos de enseñanza y de
aprendizaje a situaciones nuevas
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